En el artículo anterior sobre la estadidad argumentamos lo imposible que es la estadidad bajo las condiciones económicas actuales: un país inviable corroído por la colonia que destruye el “empresarismo” boricua y promueve la dependencia que se sostiene por los subsidios (de todo tipo). Y que están en entredicho porque la misma fortaleza económica de los Estados Unidos que los permite se viene a pique. Vimos como el intento de mejorar la condición colonial con el ELA, permitiendo cierto nivel de gobierno local, por los puertorriqueños, tuvo al principio unos efectos positivos conducentes al mejoramiento de los niveles de vida en nuestra población pero que a la larga se estrella porque no brego con la condición colonial. En el pasado nos comparaban con el estado más pobre de los EEUU, Misisipi, y la meta era de acortar la brecha que nos separaba de ese estado, en otras palabras, integrarnos más a los EEUU. Pero el modelo fracasó y las diferencias con ese estado son ahora mayores que cuando comenzó el ELA. Esta situación ha movido a sectores políticos de los EEUU a buscar alternativas de status para Puerto Rico y los amagues de conseguirle solución fracasaron ante la imposibilidad de crecimiento del ELA y de la inviabilidad de la estadidad, y también, por qué no decirlo, por la debilidad organizativa del independentismo; dejándonos en el limbo político de la colonia.
Si una cosa dejó claro el Proyecto Johnston de status en los años ’90, fue la imposibilidad de la estadidad por los costos que ella le acarrearía al presupuesto federal. Para ese entonces el subsidio de la Sección 936 del Código de Rentas Internas para empresas foráneas en Puerto Rico estaba vigente y un análisis del CBO, Congresional Budget Office (Oficina Congresional de Presupuesto), sobre las consecuencias económicas para los EEUU (No para Puerto Rico) de las tres alternativas de Status, concluyó que la estadidad sería tan costosa que puso freno al Proyecto de Status en el Senado Federal y lo engavetaron. Lo mismo pasó con el Proyecto Young del ’98.
Si algo salió a relucir en la discusión de estos proyectos de status es el hecho de que la estadidad sería un desastre económico para Puerto Rico y que los estadistas no tienen un programa de desarrollo económico que no sea, como lo señalamos en el boletín anterior, uno de mayor dependencia. Difícil de tragar para el norteamericano. Fue ante esta disyuntiva que los estadistas montaron toda una campaña en acciones reales como publicitarias, en un intento por mejorar las perspectivas para la estadidad. En ambas fracasaron, fueron por lana y salieron trasquilados.
Lo primero que hicieron fue lograr la eliminación de la Sección 936, dejando a la colonia (ELA) sin su ropaje, al desnudo, sin su principal subsidio que la sostenía. Las consecuencias de esa decisión es por todos conocidos, el país se ha sumido en su peor crisis económica y fiscal en años, y aún no hemos tocado fondo. Lo que los estadistas, y todos los defensores de la colonia deben preguntarse es por qué el Congreso coincidió con su eliminación. ¿Nos estarán diciendo “que por ahí te pudras”? No se vislumbran propuestas del Congreso para restablecer ese subsidio o algo parecido. Ante la inviabilidad de la colonia y la imposibilidad de la estadidad: ¿Qué nos queda?
El otro intento que trataron fue rebatir los hallazgos del CBO poniéndole una cara bonita, aceptable, a la estadidad. Hicieron todo un montaje publicitario acompañado de un cabildeo costosísimo en Washington usando los fondos del pueblo. Crearon una Fundación, la “Citizens Educational Foundation”, anunciando en su página electrónica la existencia de un modelo económico para la estadidad hecho por unos profesores de Harvard que presentaba una visión positiva de la economía estadista. Buscamos el “estudio” de J Tomas Hexner y Glenn Jenkins y con lo primero que uno se tropieza es con la deshonestidad que siempre les caracteriza. ¡El llamado estudio fue pagado por la misma fundación educativa! Al leerlo vimos que no tienen nada en la bola; se trata de la utilización de un “modelo econométrico” aplicado a Puerto Rico sin tomar en consideración la realidad histórica-social nuestra. En otras palabras, es un estudio por encargo. La premisa de ese “estudio” es aplicar mecánicamente la teoría económica de que en economías cerradas aquellas regiones desventajadas tienden a elevar sus niveles económicos equiparándose a las más adelantadas. Por lo tanto, con la estadidad, como por arte de magia, al integrarnos más a la economía norteamericana se elevaría nuestro nivel de vida. ¿Pero dónde ha estado esa gente en los últimos ciento trece años de integración económica de Puerto Rico con la de los Estados Unidos? Ciertamente estaban en Harvard pero no en Puerto Rico. Si algo ha sido nocivo para el desarrollo económico de nuestra nación es el desbalance entre nuestros países que ha causado la eliminación de nuestra agricultura primero y luego la desaparición de nuestra manufactura y ahora de nuestro comercio. Las multinacionales norteamericanas se tragan cada renglón económico de los puertorriqueños dejándonos sin una base nuestra de donde apoyarnos. Las mejoras que hubo en los estándares de vida para nuestra población se han ido perdiendo con la crisis, ya no se puede ocultar la realidad de que cuando uno no tiene el poder estas tienen sus límites. Los doctores de Harvard no incluyen en su análisis, por ejemplo, la existencia permanente en los EEUU de bolsillos de pobreza extrema (Sectores de West Virginia, de Misisipi y hasta en el sur de Bronx) que no han alcanzado la “nivelación” alegada. ¿Es eso lo que queremos para nuestros hijos?
La solución a los problemas económicos y sociales del ELA no está en la estadidad que no es otra cosa que la colonia en su máxima expresión. En próximos boletines continuaremos analizando otros aspectos del fantasma estadoista, ¿Ilusión o engaño? En el futuro presentaremos nuestras propuestas de la Independencia.
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